viernes, 4 de julio de 2014

RETOMANDO LAS BUENAS COSTUMBRES

Ya hacía mucho tiempo que en el CEA, como club, no organizábamos una salida junto con otro club de hermanamiento, para conocernos y ampliar conocimientos lúdico-gastronómicos-espeleológicos…

La cosa fue que, el fin de semana del 24-25 de mayo, nos fuimos de cuevas al Levante dentro del marco de salidas oficiales y de promoción del club. Llevábamos tiempo hablando con los compañeros y colegas de aquella zona para realizar una visita a las cavidades “típicas” como primera incursión y por fin, aprovechamos esta salida para tal fin.

Parte del grupo en el "Túnel dels Sumidors"

Convertimos la salida en un fin de semana de convivencia TRACALET-CEA o Ché-Maño para los amigos ;-) ...

Llegamos el viernes noche la mayoría para juntarnos allí con algunos Chés que ya esperaban en el refugio de “La Figuereta” con unas cuantas latas de cervezas vacías!
El sábado, hicimos dos grupos, casi todos se juntaron para ir a realizar el “Túnel dels sumidors” de Vallada, cueva característica por ser una de las de mayor desnivel escavada en yesos (-205m) además de estar activa todo el año por lo que la progresión se realiza íntegramente con neopreno. Entre sus curiosidades están la de entrar a mitad de sumidero, por lo que se puede remontar y descender por el cauce en la misma medida; también hay que atravesar dos pequeños sifones (pasar la cabeza) y alguna que otra curiosidad geológica que sin duda la hacen especial.

Entrada al "Túnel dels Sumidors"

Por otro lado, el segundo equipo se marchó para descender las simas “El Campillo” y “La Llenca” aprovechando la luz estival. “El Campillo” se caracteriza por ser una gran (grandísima) sala a la que se accede desde el exterior mediante un agujero en el techo de la misma y por el que se desciende directamente hasta el suelo en un volado espectacular de casi 60m. Esto se conjuga con unas curiosas formaciones conformadas por grandes “tortas de pan” de caliza disuelta apiladas una tras otra y de las que no se tiene clara su formación. Visita obligada a esta sima sin duda.

Rayos de luz en "El Campillo"

Sobre “La Llenca” se podría decir que es la hermana menor al “El Campillo” en cuanto a la morfología de su entrada, un agujero en el techo de una sala con una pequeña chimenea de unos 7m que al finalizar se abre, resultando un volado de unos 40m también espectacular. Esta sima esconde un tesoro que te deja con la boca abierta y que se mostrará sólo ante aquellos que la visiten y la respeten (no hay más pistas).

Chimenea de entrada a "La Llenca"

Después de la actividad diurna, llegaba la nocturna, otros compañeros del espeleo club Tracalet iban llegando al refugio y lo mejor de todo, iban sacando de los coches toda la intendencia necesaria para agasajarnos con un par de paellas para 25pax. que fueron hechas casi como un ritual y que estaban que te morías de buenas (y más). Y eso que, nuestros amigos valencianos tuvieron que acceder al “sacrilegio” de hacerla el sábado para cenar por razones logísticas, cosa que los maños agradecimos comiendo hasta reventar.

Las paellas y los chefs

Como podeis imaginar buenas risas y buena sobremesa acompañaron la cena para después, irnos todos a dormir relativamente pronto.

Momento interclubs... que si toma una camiseta... que si te querré para siempre...

El domingo, la mayoría fuimos a la sima “Avenc Ample”, una de las dos cercanas al refugio y que nos permitía mayor horquilla con los tiempos. Decir de esta sima que, cuanto menos sorprende, aunque aparentemente desde fuera solo parezca una gran dolina derrumbada (de hecho lo es) también ofrece a aquel que se aventura a descenderla, un par de tesoros y al igual que en “La Llenca”, sólo aquellos preparados y que la respeten serán los afortunados que los disfruten (no hay más pistas).

Base de la sima "Avenc Ample" desde una de sus vías


Algunos del grupo en uno de los rincones mágicos que hay que encontrar

Mientras tanto, otro grupo aprovechó para conocer el Barranco del Infierno, que aunque para los barranqueros de nueva generación no merezca la pena si no es acompañado de unos cientos de litros por segundo, para muchos es una maravilla geológica que merece la pena conocer y disfrutar en seco.

Y después de una comida improvisada en el refugio (por las horas) y una perezosa sobremesa, nos despedimos emplazándonos para un posterior encuentro en tierras mañas y cada mochuelo se fue a su olivo.

Bonito contraste entre la camiseta técnica curtida de batallas y la modernidad del calzado.

Hasta la próxima!

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